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La ineficiencia espacial y la caída de la Unión Soviética

Informe sobre el desarrollo mundial 2009 "Una nueva geografía económica"
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La ineficiencia espacial y la caída de la Unión Soviética

La tierra alberga muchos espacios vastos y ásperos, pero pocos gobiernos han dedicado tanta energía al desarrollo de tales lugares como lo hizo Rusia durante el gobierno soviético.

El esfuerzo para desarrollar las zonas orientales de Rusia aumentó en forma sustancial desde el gobierno de Stalin. Una industrialización forzada intentó desplazar la producción hacia el oriente y crear nuevas bases económicas en el corazón geográfico del país. La igualación de la masa económica (especialmente la industrial) en toda Rusia fue considerada como la forma de hacer uniforme el desarrollo a través del espacio. El “crecimiento industrial equilibrado” fue una consigna durante mucho tiempo y en los años treinta las nuevas zonas recibieron más del 50% de la inversión central, financiada principalmente con la expropiación de la riqueza de la agricultura. Las nuevas zonas solo absorbieron capital al principio. Los efectos visibles aparecieron durante la Segunda Guerra Mundial, aunque las zonas más productivas estaban cercanas al frente de batalla, como la del Ural-Volga, donde se ubicó al 58% de las fábricas evacuadas del oeste de la URSS.

Un recuento de este esfuerzo centralizado y directivo para difundir la masa económica es deprimente. Alexei Mints, el geógrafo soviético, desechó como propaganda los reclamos de que la inversión dirigida impulsaba hacia atrás las zonas y creaba ciudades “desde cero” con los planes quinquenales. La realidad era más prosaica: la “apertura” de los campos orientales de materias primas coincidió con el crecimiento de las manufacturas en el occidente. El desplazamiento hacia el oriente, escribió Mints, ocurrió principalmente en la parte europea. (a) En realidad, el geocentro demográfico y económico se había movido hacia el oriente solo hasta el río Belaya en Bashkiria para 1990; ocho de las once zonas horarias de Rusia caían al este de Belaya. La Siberia industrial creció en términos absolutos, pero su proporción no superó un quinto con el sistema de precios soviético que favorecía los productos finales a expensas de las materias primas, el transporte y la energía (ver cuadro del recuadro).

La infraestructura social soviética se traslapó con el desarrollo industrial. Centros de salud, colegios, instalaciones recreativas, culturales, deportivas y de viviendas comunales –llamadas sotsculttbyt- pertenecían generalmente a las empresas. Este traslapo fue especialmente evidente en las grandes empresas de zonas remotas, como la ciudad transpolar de Noril’sk. Esta tradición se combinó, algo paradójicamente, con una redistribución vigorosa de fondos entre los departamentos sectoriales y regionales. Los beneficios fueron incautados y luego devueltos –no necesariamente al mismo lugar– en bienes de capital y activos. La proporción de empresas bajo la jurisdicción de toda la Unión llegó al 70% en los gobiernos de Stalin y Brezhnev. El gobierno central (Sovmin) controlaba menos del 20% de los beneficios industriales obtenidos en suelo ruso.

La desconcentración industrial, junto a las distorsiones del sistema de precios y una costosa carrera armamentista, derribaron el sistema soviético. A fines de los años ochenta tanto la élite como las masas en casi cada zona o república reclamaba que cargaba con el deber agobiante de una tierra que “alimentaba a los demás”. La consigna de khozraschet regional (reembolso propio y contabilidad económica) pronto se convirtió en separatismo político y contribuyó a la caída de la Unión Soviética.

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La ineficiencia espacial y la caída de la Unión Soviética

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Tras el colapso de la URSS, la Federación Rusa se integró más a los mercados mundiales. Rusia se encontró con mayor abundancia de recursos, pero también menos poblada. La revaluación de mercado de los recursos y activos encogió la masa económica de las zonas y polos distantes, pero no se redujo el deterioro de la infraestructura y, en algunos casos, aumentó la distancia económica. Los servicios públicos atados a la industria colapsaron también en los años noventa, al privatizarse las empresas o transferirse sus sotscultbyt a las autoridades municipales. Por algún tiempo en el gobierno de Yeltsin, los ingresos de los presupuestos federales y regionales/locales fueron oficialmente iguales (50:50). Sin embargo, a principios del decenio actual, cambiaron las reglas a favor de la Federación (60:40 cuando se efectuaron los pagos de la deuda externa y luego se redujeron a 55:45). Pero los gastos se mantuvieron en 50:50 por el crecimiento de las transferencias.

Hoy, las relaciones financieras entre el centro y las regiones se basan otra vez en el principio de redistribución, aunque menos que en la Unión Soviética. Pero la industria se basa más ahora en el combustible y los materiales. Después de décadas de planes de igualación, la economía experimenta desigualdades que se amplían en el producto regional per cápita.

El gráfico del recuadro muestra esto para 1990 y 2005, utilizando los viejos métodos y precios soviéticos (material neto) y los nuevos de producto regional bruto (PRB). Los dos líderes, el oblast de Tyumen en Liberia occidental y Moscú en el centro, siguieron siendo los mismos. Pero la brecha entre las zonas avanzadas y las retrasadas se disparó de 5 a 43. Con la redistribución, esa brecha en el ingreso personal promedio de cada zona en 2005 era de 11. Solo 20 de 88 regiones superaron el promedio ruso en PRB per cápita y solo 22 en ingreso. La mayor parte de las zonas pobres redujo la brecha en el nivel de vida con la ayuda de las transferencias.

El bienestar en las zonas remotas es ahora menos dependiente de la masa económica en la Rusia contemporánea, aunque algunos observadores y autores de políticas no consideran satisfactoria la tendencia, pero no está claro qué debe hacerse en cuanto a ella. El debate sobre las políticas oscila entre dos visiones polarizadas: reforzar el sistema redistributivo en el espacio con base en una mayor participación de los beneficios del petróleo y el gas, o una diversificación forzada de las economías regionales basada en actividades militar-industriales y en iniciativas de investigación y desarrollo (I&D). Mientras continúa el debate, la experiencia de Rusia con el gobierno soviético ofrece algunas enseñanzas de políticas. En particular para un país con la superficie terrestre más grande del mundo, las elecciones de política espacial y su eficiencia pueden significar la diferencia entre el progreso económico y el estancamiento.

Fuente: contribución de Andrey Treyvish.
Notas: a. Mints, 1974, pp. 20-54.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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