25 de abril de 2009— Mientras la recesión mundial amenaza con socavar el ritmo de reducción de la pobreza en todo el mundo, muchos paÃses —tanto ricos como pobres— esperan amortiguar el golpe mediante un estÃmulo fiscal.
Algunos de los temas urgentes con los que los gobiernos tratan de lidiar incluyen la magnitud de esos paquetes de estÃmulo, los tipos de gasto que deberÃan comprender y los canales que estimularÃan la economÃa de manera más eficiente.
Un estÃmulo que favorece a los pobres favorece a toda la economÃa
Martin Ravallion, director del Grupo de investigaciones sobre desarrollo del Banco Mundial y experto en pobreza a nivel mundial, enfatiza que son muchas las razones por las que un estÃmulo que favorece a los más pobres tiene una mayor probabilidad de tener un efecto más fuerte que un estÃmulo no dirigido a este sector.
“Si hay algo que no debe perderse durante esta crisis, es la oportunidad de crear estabilizadores que favorezcan a los pobres en paÃses en desarrollo, similares a las redes de protección social automáticas que ya existen en los paÃses ricos”, sostuvo Ravallion.
Las iniciativas de reforma en materia de asistencia social de los paÃses ricos y pobres han intentado, cada vez más, poner de relieve la noción de “corresponsabilidad”, a fin de ayudar a las personas a escapar de la pobreza y, al mismo tiempo, tomar medidas que reduzcan la dependencia a largo plazo de la asistencia social.
Son muy numerosos los desafÃos que enfrenta la ejecución: entre otros, la definición de criterios de admisibilidad en la práctica, las restricciones sobre los recursos, la captación de las elites a nivel local y la falta de capacidad de respuesta a los cambios en las necesidades de la gente.
Programas públicos de empleo oportunos para quienes lo necesiten
“Al igual que las transferencias monetarias condicionadas, un buen programa de empleo se funda en incentivos incorporados”, explicó Ravallion. “Cualquiera que tenga una opción mejor que el trabajo manual no calificado la tomará, y, cuando los beneficiarios del programa de empleo encuentran un trabajo mejor, gracias a la recuperación de la economÃa, abandonan naturalmente el programa y, de ese modo, garantizan que la ayuda llegue a los que más la necesitan, al tiempo que se preservan los incentivos para escapar de la pobreza por otros medios”.
“Con una combinación de programas de transferencias condicionadas y programas de empleo bien diseñados e instrumentados, es posible proteger a una cantidad significativa de pobres durante una crisis, sin perjudicar sus posibilidades a más largo plazo de salir de la pobreza”, dijo Ravallion.
Las polÃticas de protección social sólidas exigen una combinación de programas de empleo y transferencias monetarias o de alimentos dirigidas a grupos especÃficos que no pueden trabajar por una incapacidad fÃsica (incluidas las deficiencias de nutrición: la cantidad de personas que padecen hambre crónica superará los 1.000 millones en 2009) o que no deberÃan abandonar otras actividades, como la escuela para trabajar.
“Un mundo que no aprende de la historia está condenado a repetirla. Si bien la reciente cumbre del G-20 se centró en cuestiones financieras, debemos aprender de la historia de las crisis anteriores, cuando los gobiernos buscaron hacerse de dinero y recortaron programas sociales, a menudo con efectos devastadores sobre los pobres”, dijo el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick.
En abril de 2009, Zoellick anunció que la institución planifica triplicar su respaldo a la protección social en el ejercicio de 2010.