| Una estrategia para lograr estabilidad Para enfrentar estas fuentes de inestabilidad macroeconómica, se requiere una estrategia de tres aristas para mejorar la estabilidad económica de los países en desarrollo, sostienen los investigadores. Ordenar la casa Un proceso de desarrollo inestable que se conjuga con errores normativos auto-infligidos parece gatillar crisis nacionales más frecuentes en los países en desarrollo. En efecto, las erráticas políticas fiscales adoptadas por los gobiernos a menudo desencadenan inestabilidad macroeconómica. En algunos casos, los gobiernos inadvertidamente generan inestabilidad a través de políticas monetarias inflacionarias. "En recientes investigaciones, hemos descubierto que el conflicto social, la inestabilidad política y la mala gestión económica son las causas más probables que explicarían las fluctuaciones en el PIB per cápita en muchos países pobres", constató Claudio Raddatz, otro economista del Banco. En el caso de esos países, las crisis externas, entre ellas aquéllas vinculadas a la ayuda exterior, al comercio o incluso a las condiciones climáticas, aportan sólo una proporción pequeña, aunque de todos modos significativa, a la inestabilidad macroeconómica. Es necesario diseñar políticas que controlen el nivel y la variabilidad del gasto fiscal, a fin de mantener la estabilidad de las políticas monetarias y financieras e impedir la rigidez de precios, tal como sucede en el caso de los tipos de cambio fijo (los que a menudo requieren ajustes drásticos). Crear capacidad de resistencia por medio de flexibilidad La debilidad de los “amortiguadores” en los países en desarrollo permite que las fluctuaciones externas produzcan mayor inestabilidad macroeconómica. Los países en desarrollo a menudo carecen de este tipo de instrumento tradicional, como políticas de estabilización y diversificación de los mercados financieros. Por otra parte, la política fiscal de los países pobres suele ser “procíclica”, fenómeno que permite la expansión en épocas de auge económico y la contracción durante las recesiones. Pero para absorber las crisis externas, la política fiscal debe ser de naturaleza más anticíclica. Lograrlo depende de qué tanto puedan los gobiernos reducir la deuda pública a niveles aceptables, aumentar el ahorro en los buenos tiempos y ser considerados responsable a la hora de gastar. Los mercados financieros de los países en desarrollo tienen el potencial de diversificar los riesgos que imponen las crisis externas. Pero suelen ser poco profundos y se agotan en los momentos de crisis cuando más se necesitan. Sin embargo, los gobiernos pueden ayudar a profundizar estos mercados protegiendo los derechos de accionistas y acreedores. “En el último tiempo, hemos descubierto que las políticas microeconómicas también ocupan un lugar importante”, sostiene Loayza. “Cuando a las empresas les resulta difícil reasignar los recursos, especialmente debido a restricciones laborales y del mercado financiero, los países se tornan más vulnerables a las crisis económicas”. Las empresas deberían ser capaces de adaptarse a las crisis reasignando sus recursos entre servicios, áreas y sectores. Mientras los mecanismos básicos para lograrlo son la competencia y el intercambio comercial, los gobiernos pueden ayudar reduciendo la carga que imponen las regulaciones. Prepararse para capear el temporal Las mayores crisis externas que experimentan los países en desarrollo podrían provenir de los mercados financieros (por ejemplo, un cese repentino de los flujos de capital) o de los mercados de bienes. Tradicionalmente, los gobiernos han tenido tres alternativas: autoprotegerse, autoasegurarse y recurrir a operaciones de cobertura y seguro total. • La autoprotección (como poca apertura comercial y mercados financieros muy controlados) puede reducir la vulnerabilidad ante los riesgos externos, pero impide aprovechar los beneficios de la integración mundial y aumenta la probabilidad de que se produzcan distorsiones que finalmente podrían redundar en crisis nacionales graves. Otras políticas nacionales podrían ser más adecuadas para reducir la vulnerabilidad a las crisis externas. En 2007, Loayza y Raddatz descubrieron que la flexibilidad del mercado puede reducir las pérdidas del producto vinculadas a una crisis en las relaciones de intercambio. • El autoseguro implica distribuir los recursos en el tiempo, por ejemplo acumulando reservas externas durante épocas de prosperidad y crecimiento sólido. Se trata de una alternativa bastante usada: la relación de reservas externas a importaciones se ha más que duplicado en las economías emergentes durante los últimos 15 años. Pero acumular liquidez, proceso que también implica sacrificar oportunidades de inversión, es menos eficiente que la cobertura a través de instrumentos financieros contingentes. • Las operaciones de cobertura y seguro total se refieren a la transferencia de recursos asegurando líneas de crédito contingentes o intercambiando opciones vinculadas a productos básicos. Los países en desarrollo aún no disponen de alternativas de cobertura modernas, pero los mercados financieros sí proveen algunas de estas oportunidades que resultan mejores que el autoseguro.
“La mejor estrategia para prepararse antes de la tormenta son las alternativas de seguro”, señaló Servén. “Lo más alentador es que ahora los instrumentos de cobertura y seguro, que alguna vez fueron inviables para los países en desarrollo, están empezando a estar disponibles para ellos. Se trata de una señal muy esperanzadora”. Más investigación del Banco Mundial sobre macroeconomía y crecimiento i
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