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Países en desarrollo: Estrategia para lograr estabilidad macroeconómica

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7 de marzo de 2008 — Dada la agitación en que se encuentran los mercados financieros, los países en desarrollo, a menudo vulnerables a crisis externas que escapan a su control, están inquietos sobre las posibles amenazas que puedan afectar su propia estabilidad macroeconómica.

Si bien muchos de estos países muestran ahora mejor capacidad para adaptarse a los trastornos de los mercados financieros de los países ricos, la agitación permanente, en conjunto con la desaceleración del crecimiento mundial, significa una amenaza considerable para las economías en desarrollo.

Muchos países han acumulado grandes reservas externas para protegerse contra las fluctuaciones de la tasa de interés y del tipo de cambio, así como de interrupciones a corto plazo en el financiamiento, pero las reservas son sólo una solución transitoria.

Según los investigadores del Banco Mundial, el mejor camino que pueden tomar los países en desarrollo es poner en marcha estrategias integrales para luchar contra la inestabilidad macroeconómica en varios frentes, entre éstos mejorar su capacidad de absorber las crisis externas.

"Es imprescindible tomar medidas, porque la inestabilidad macroeconómica es un aspecto fundamental que amenaza el desarrollo", señaló Luis Servén, gerente de investigaciones del Grupo de investigaciones para el desarrollo del Banco. "La inestabilidad tiene costos económicos muchísimo más altos para los países pobres que para los ricos".

En América Latina, por ejemplo, las pérdidas directas en bienestar que se producen al apartarse de un rumbo de consumo estable llegan a 10% del consumo anual en algunos países, en comparación con menos de 1% en los países industriales.

La inestabilidad macroeconómica reduce el crecimiento del producto económico y afecta el consumo futuro, agrega Servén. Este efecto es más evidente en países pobres con poca estabilidad financiera e institucional y que son incapaces de reaccionar adaptando sus políticas fiscales.

¿Qué es primero: el huevo o la gallina?

Inestabilidad del crecimiento por grupo de ingreso
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La inestabilidad macroeconómica está claramente vinculada a la falta de desarrollo. No sólo afecta el bienestar de manera más profunda en los países en desarrollo, sino que además se da con más frecuencia en estos países que en los países ricos.

Los países pequeños como República Dominicana o Togo experimentan inestabilidad, pero el fenómeno también sucede en naciones grandes como China e Indonesia. Muchas economías inestables, por ejemplo las de Ecuador y Nigeria, son predominantemente exportadoras de productos básicos, pero también hay casos de países como Perú, donde se vive una industrialización acelerada.

"Es la típica pregunta sobre el huevo o la gallina", constató Norman Loayza, economista principal del Grupo de investigaciones para el desarrollo del Banco Mundial. "¿Es la inestabilidad la que genera falta de desarrollo o es el subdesarrollo el que se traduce en fluctuaciones macroeconómicas?”.

Al hacer un análisis de los aspectos que ponen en mayor peligro a los países pobres, Serven, Loayza, Rancière y Ventura sostienen que la alta inestabilidad macroeconómica en el mundo en desarrollo proviene de tres fuentes:

•Mayores crisis externas, ya sea de los mercados financieros o de bienes.
•Crisis nacionales más frecuentes, inclusive errores auto-infligidos en materia de políticas públicas.
•"Amortiguadores" menos eficientes para suavizar los efectos de los trastornos.

Una estrategia para lograr estabilidad

Para enfrentar estas fuentes de inestabilidad macroeconómica, se requiere una estrategia de tres aristas para mejorar la estabilidad económica de los países en desarrollo, sostienen los investigadores.

Ordenar la casa

Un proceso de desarrollo inestable que se conjuga con errores normativos auto-infligidos parece gatillar crisis nacionales más frecuentes en los países en desarrollo. En efecto, las erráticas políticas fiscales adoptadas por los gobiernos a menudo desencadenan inestabilidad macroeconómica. En algunos casos, los gobiernos inadvertidamente generan inestabilidad a través de políticas monetarias inflacionarias.

"En recientes investigaciones, hemos descubierto que el conflicto social, la inestabilidad política y la mala gestión económica son las causas más probables que explicarían las fluctuaciones en el PIB per cápita en muchos países pobres", constató Claudio Raddatz, otro economista del Banco.

En el caso de esos países, las crisis externas, entre ellas aquéllas vinculadas a la ayuda exterior, al comercio o incluso a las condiciones climáticas, aportan sólo una proporción pequeña, aunque de todos modos significativa, a la inestabilidad macroeconómica.

Es necesario diseñar políticas que controlen el nivel y la variabilidad del gasto fiscal, a fin de mantener la estabilidad de las políticas monetarias y financieras e impedir la rigidez de precios, tal como sucede en el caso de los tipos de cambio fijo (los que a menudo requieren ajustes drásticos).

Crear capacidad de resistencia por medio de flexibilidad

La debilidad de los “amortiguadores” en los países en desarrollo permite que las fluctuaciones externas produzcan mayor inestabilidad macroeconómica. Los países en desarrollo a menudo carecen de este tipo de instrumento tradicional, como políticas de estabilización y diversificación de los mercados financieros.

Por otra parte, la política fiscal de los países pobres suele ser “procíclica”, fenómeno que permite la expansión en épocas de auge económico y la contracción durante las recesiones. Pero para absorber las crisis externas, la política fiscal debe ser de naturaleza más anticíclica. Lograrlo depende de qué tanto puedan los gobiernos reducir la deuda pública a niveles aceptables, aumentar el ahorro en los buenos tiempos y ser considerados responsable a la hora de gastar.

Los mercados financieros de los países en desarrollo tienen el potencial de diversificar los riesgos que imponen las crisis externas. Pero suelen ser poco profundos y se agotan en los momentos de crisis cuando más se necesitan. Sin embargo, los gobiernos pueden ayudar a profundizar estos mercados protegiendo los derechos de accionistas y acreedores.

“En el último tiempo, hemos descubierto que las políticas microeconómicas también ocupan un lugar importante”, sostiene Loayza. “Cuando a las empresas les resulta difícil reasignar los recursos, especialmente debido a restricciones laborales y del mercado financiero, los países se tornan más vulnerables a las crisis económicas”.

Las empresas deberían ser capaces de adaptarse a las crisis reasignando sus recursos entre servicios, áreas y sectores. Mientras los mecanismos básicos para lograrlo son la competencia y el intercambio comercial, los gobiernos pueden ayudar reduciendo la carga que imponen las regulaciones.

Prepararse para capear el temporal

Las mayores crisis externas que experimentan los países en desarrollo podrían provenir de los mercados financieros (por ejemplo, un cese repentino de los flujos de capital) o de los mercados de bienes. Tradicionalmente, los gobiernos han tenido tres alternativas: autoprotegerse, autoasegurarse y recurrir a operaciones de cobertura y seguro total.

• La autoprotección (como poca apertura comercial y mercados financieros muy controlados) puede reducir la vulnerabilidad ante los riesgos externos, pero impide aprovechar los beneficios de la integración mundial y aumenta la probabilidad de que se produzcan distorsiones que finalmente podrían redundar en crisis nacionales graves. Otras políticas nacionales podrían ser más adecuadas para reducir la vulnerabilidad a las crisis externas. En 2007, Loayza y Raddatz descubrieron que la flexibilidad del mercado puede reducir las pérdidas del producto vinculadas a una crisis en las relaciones de intercambio.

• El autoseguro implica distribuir los recursos en el tiempo, por ejemplo acumulando reservas externas durante épocas de prosperidad y crecimiento sólido. Se trata de una alternativa bastante usada: la relación de reservas externas a importaciones se ha más que duplicado en las economías emergentes durante los últimos 15 años. Pero acumular liquidez, proceso que también implica sacrificar oportunidades de inversión, es menos eficiente que la cobertura a través de instrumentos financieros contingentes.

• Las operaciones de cobertura y seguro total se refieren a la transferencia de recursos asegurando líneas de crédito contingentes o intercambiando opciones vinculadas a productos básicos. Los países en desarrollo aún no disponen de alternativas de cobertura modernas, pero los mercados financieros sí proveen algunas de estas oportunidades que resultan mejores que el autoseguro.

“La mejor estrategia para prepararse antes de la tormenta son las alternativas de seguro”, señaló Servén. “Lo más alentador es que ahora los instrumentos de cobertura y seguro, que alguna vez fueron inviables para los países en desarrollo, están empezando a estar disponibles para ellos. Se trata de una señal muy esperanzadora”.

Más investigación del Banco Mundial sobre macroeconomía y crecimiento i

Lecturas relacionadas:

Norman Loayza y Claudio E. Raddatz, 2007. "The Structural Determinants of External Vulnerability". World Bank Economic Review, Vol. 21, No. 3.

Norman Loayza, Romain Rancière, Luis Servén, y Jaume Ventura, 2007. "Macroeconomic Volatility and Welfare in Developing Countries". World Bank Economic Review, Vol. 21, No. 3.

Claudio E. Raddatz. Próxima publicación. "Are External Shocks Responsible for the Instability of Output in Low-Income Countries?" Journal of Development Economics.




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