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Países que salen de un conflicto

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8 de mayo de 2007. En 2002, Sierra Leona -un pequeño país de África occidental con 5,5 millones de habitantes- salió de una brutal guerra civil cuya causa mereció el nombre ignominioso de "diamantes ensangrentados", en la que murieron 50.000 personas y muchas más quedaron mutiladas y discapacitadas, y cuya consecuencia fue una imperiosa necesidad de reconstrucción.

Los países como Sierra Leona deben recibir asistencia planificada adecuadamente para promover el crecimiento económico y un gobierno estable, para proporcionar servicios esenciales y, lo que es aún más importante, para evitar que surjan conflictos nuevamente.

Sin embargo, en un porcentaje abrumador (40%) de estos países vuelven a estallar conflictos al cabo de tan solo 10 años. Para ayudarlos a escapar de esta trampa, la comunidad del desarrollo debe adaptar y reforzar las políticas de asistencia teniendo en cuenta las investigaciones más recientes sobre el período posterior a un conflicto, así como un análisis del país en cuestión.

Generalmente, la ayuda oficial y humanitaria aumenta de inmediato cuando el país sale del conflicto, pero luego disminuye rápidamente -en la mayoría de los casos unos cinco años después de su finalización- a medida que la atención internacional se desvanece.

En Guinea-Bissau, por ejemplo, la asistencia oficial para el desarrollo (teniendo en cuenta la ayuda humanitaria pero no así el alivio de la deuda) tras la guerra de 1998, aumentó de US$46 per cápita en 1999 a US$79 per cápita en 2000, pero disminuyó rápidamente a US$53 per cápita en 2001.

En Sierra Leona, la ayuda (conforme a la definición anterior) ascendía a tan sólo US$21 per cápita al final de la guerra civil en 1999 y luego aumentó casi cinco veces hasta llegar a US$97 per cápita en 2005, pero disminuyó nuevamente (46%) y se redujo a US$58 per cápita en 2003.

Generalmente, la ayuda oficial y humanitaria aumenta de inmediato cuando el país sale del conflicto, pero luego disminuye rápidamente -en la mayoría de los casos unos cinco años después de su finalización- a medida que la atención internacional se desvanece.

En Guinea-Bissau, por ejemplo, la asistencia oficial para el desarrollo (teniendo en cuenta la ayuda humanitaria pero no así el alivio de la deuda) tras la guerra de 1998, aumentó de US$46 per cápita en 1999 a US$79 per cápita en 2000, pero disminuyó rápidamente a US$53 per cápita en 2001.

En Sierra Leona, la ayuda (conforme a la definición anterior) ascendía a tan sólo US$21 per cápita al final de la guerra civil en 1999 y luego aumentó casi cinco veces hasta llegar a US$97 per cápita en 2005, pero disminuyó nuevamente (46%) y se redujo a US$58 per cápita en 2003.

Sierra Leona

 

 

 

 



La paz perdura en Sierra Leona y el país ha puesto en marcha un programa de educación primaria universal. No obstante, el 40% de los países que salen de un conflicto caen nuevamente en su trampa al cabo de 10 años.
(Fotografía: Arne Hoel)

La ayuda a Tayikistán después de la guerra civil fue muy volátil; casi se duplicó en 1996 y 1998, pero disminuyó un 13% en 1997 y casi 25% en 1999.

"Los flujos de ayuda a países que salen de un conflicto también tienden a disminuir antes de una elección y repuntan nuevamente una vez que ésta ha terminado", manifestó Sarah Cliffe, la gerenta del Grupo de Estados Frágiles del Banco Mundial. "El período de demora es excesivo".

"Para que la paz sea perdurable y el desarrollo sostenible, la ayuda debe llegar en el momento oportuno, pero también debe aumentar gradualmente en consonancia con la capacidad del país para absorber fondos", afirmó Paul Collier, Director del Center for the Study of African Economies (CSAE) en Oxford y autor de un libro publicado recientemente que se titula: "The Bottom Billion". i

Collier fue uno de los principales investigadores que participaron en un proyecto sobre investigación de conflictos emprendido por el Banco Mundial conjuntamente con el CSAE i y el Instituto Internacional de Oslo para la Investigación de la Paz i (PRIO), y sus conclusiones formaron parte del amplio espectro expuesto en la conferencia que tuvo lugar en la ciudad de Washington del 30 de abril al 1 de mayo, en la que se presentaron i 25 informes de investigación.

Establecer con anticipación dónde es más probable que ocurra un conflicto

El análisis detallado de los datos indica que es más probable que se produzca un conflicto cuando existe una elevada densidad de población, cuando la distancia hasta la ciudad capital y la proximidad con las fronteras internacionales son mayores, y cuando el valor estratégico y de los recursos naturales del lugar es más alto.

A un nivel más amplio, las cifras señalan que la probabilidad de un conflicto es menor en los Estados cuyos países limítrofes son democráticos, inclusive en las zonas de ingreso bajo. Este resultado indica que a medida que aumente la democracia en América Latina, las regiones más meridionales de África al sur del Sahara y Europa oriental, los Estados de esas regiones se volverán más pacíficos. Por otra parte, la guerra civil es mucho más probable en las zonas de ingreso bajo de las comunidades no democráticas.

"La investigación realizada por De Soysa y Neumayer también revela que las sociedades con diversidad étnica son efectivamente más pacíficas y menos vulnerables a los conflictos que aquellas que son más homogéneas", manifestó Gary Milante, un integrante del programa de investigaciones sobre conflictos del Banco Mundial. "Este resultado desmitifica la afirmación de que el suministro de fuerzas armadas constituye, primordialmente, un bien público en las sociedades que han salido de un conflicto".

La probabilidad de que el gobierno salga victorioso de un conflicto es mayor en los Estados autocráticos con gran número de habitantes y baja industrialización. Como ejemplo, cabe citar las múltiples victorias de los gobiernos de Nigeria, Burundi y Zaire (República Democrática del Congo). Estos factores predisponentes suelen ser más comunes en África al sur del Sahara.

"Las autocracias y las democracias partidistas son los cimientos en los que se asienta la trampa del conflicto y el desarrollo", confirmó Ibrahim Elbadawi, economista principal del Banco Mundial y gerente de proyectos.

Reducir la disponibilidad de armas de pequeño calibre a través de reglamentaciones y barreras comerciales

República Democrática del Congo

El análisis de un nuevo conjunto de datos sobre armas de pequeño calibre (AK-47) señala que el precio de estas armas está determinado por la regulación y los costos de suministro y no así por los ingresos y la motivación, y que el colapso de la Unión Soviética no tuvo un efecto significativo en la disponibilidad de armas.

"Esta importante investigación demuestra que las reglamentaciones internacionales y las barreras comerciales pueden contribuir a dificultar la compra de AK-47 y reducir así la cantidad de armas que se destinen a conflictos", afirmó Milante.

Cartuchos de AK-47 decomisados en la República Democrática del Congo
Fotografía: MONUC/Martine Perret/2006

Fortalecer las instituciones y fomentar los compromisos políticos creíbles

El riesgo de guerra civil disminuye cuando las instituciones tienen capacidad para exigir el cumplimiento de los derechos de propiedad y aplicar el imperio de la ley. Las investigaciones señalan que para reducir la posibilidad de conflicto, es preciso crear o fortalecer esas instituciones en lugar de poner el acento en la reducción de la pobreza.

Cuando los actores políticos no pueden asumir un compromiso creíble ante un amplio sector de la sociedad, el bienestar general del país se reduce, y el Estado queda más expuesto a que se produzca un conflicto. Además, una vez que se produce el conflicto, la falta de credibilidad política socava los esfuerzos del gobierno por contener la insurrección.

"El solo hecho de celebrar elecciones una vez finalizado el conflicto -un esfuerzo que entraña gastos elevados- no constituye una buena referencia de éxito", manifestó Mark Mattner, un integrante del programa de investigaciones sobre conflictos del Banco Mundial. "Las investigaciones señalan que los nuevos dirigentes necesitan ayuda en forma de recursos para demostrar que la paz genera beneficios rápidamente".

Una vez finalizado el conflicto, los nuevos dirigentes también deben actuar de una manera inclusiva desde el punto de vista político y económico. Las desigualdades relacionadas con factores étnicos, religiosos y de otro tipo están estrechamente vinculadas con la guerra civil.

Elecciones en la República Centroafricana
Elecciones en la República Centroafricana.
Fotografía: Evan Schneider/Naciones Unidas/1998

La democratización forzada no garantiza la paz y la libertad

Las intervenciones militares llevadas a cabo por democracias pueden promover la democratización en el corto plazo, pero los Estados que son objeto de esas medidas tienden a convertirse en semi-democracias inestables. Iraq es el mejor ejemplo actual de esta situación.

"La democratización forzada es imprevisible en cuanto a la posibilidad de lograr una democracia a largo plazo y potencialmente perjudicial en lo que respecta a consolidar la paz", remarcó HÃ¥vard Hegre, profesor de investigación en PRIO y uno de los principales investigadores del proyecto.

El desarrollo económico determina la consolidación de la paz a largo plazo

Burundi

Formación de cascos azules de las Naciones Unidas en Bubanza (Burundi), 2004
Martine Perret/2004

El principal beneficio que brindan las fuerzas de paz de las Naciones Unidas reside en que respaldan la estabilidad, contienen los riesgos y crean confianza a mediano plazo. Sin embargo, el impacto de este tipo de operaciones de mantenimiento de la paz desaparece gradualmente y el costo de mantener esas fuerzas es muy elevado.

En el largo plazo -generalmente un decenio- es el desarrollo económico, y no las fuerzas de paz, el que determina que la paz se mantenga y consolide.

Las investigaciones señalan que el respaldo al desarrollo y la seguridad son complementarios y no se logran de un día para otro.

"Debemos adoptar una manera de pensar menos metódica", señaló Anja Kasperson, la directora del proyecto sobre operaciones integradas y multidisciplinarias de mantenimiento de la paz, que depende del ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega. "En el momento actual, la seguridad ocupa el primer lugar y las medidas en pos del desarrollo son secundarias. El modo de pensar está cambiando, pero no con la rapidez suficiente".

Negociar cuidadosamente los acuerdos de paz

Los resultados de las investigaciones señalan que, para tener éxito, no es necesario que los acuerdos de paz parciales abarquen todas las cuestiones.

No obstante, Lual Deng, el Ministro de Hacienda y Economía Nacional de Sudán, expresó su desacuerdo con este afirmación.
"El caso de Darfur demuestra claramente que no deberíamos haber aceptado un acuerdo de paz parcial", remarcó. "Ahora hay siete dirigentes rebeldes mientras que durante la rebelión sólo había tres".

Evidentemente, en las investigaciones futuras deberá definirse un punto o masa crítica que sirva de sustento al acuerdo de paz.

En el  Informe sobre la seguridad humana 2006 i se menciona una tendencia que dista mucho de ser positiva: "Si bien los encargados de establecer la paz consideran alentador el hecho de que actualmente las guerras que finalizan tras la negociación de un acuerdo superan en número a las que culminan con una victoria, también es cierto que las primeras son tres veces más prolongadas que las segundas y existe casi el doble de probabilidades de que comiencen nuevamente al cabo de cinco años".

Otro resultado alarmante es que la incorporación de ex rebeldes en las fuerzas armadas nacionales -en lugar de que retornen a la vida civil- no ha sido útil para construir la paz, aunque es posible que ello se deba a que es necesario estructurar y ejecutar los acuerdos de integración de una manera más adecuada.

Establecer el programa macroeconómico adecuado

A raíz de que las instituciones relacionadas con la ejecución de los contratos comienzan a quebrarse durante una guerra civil, el transporte y el comercio se pueden derrumbar rápidamente y producen una reacción en cadena en otros sectores, como las manufacturas o las exportaciones agrícolas.

"Estas características de las economías en conflicto y posteriores a un conflicto inciden en la manera en que se definen las políticas monetarias y cambiarias de esos países", señaló Elbadawi. "La estabilización estándar basada en el dinero puede ser deflacionaria si no se tiene en cuenta el aumento previsto de la demanda de dinero que está asociado con el incremento de las transacciones basadas en el mercado después de un período de conflicto".

"La ayuda puede ser un medio importante para estabilizar la inflación después de un conflicto, pero también puede tener un efecto negativo en la competitividad del tipo de cambio y, consiguientemente, retrasar la recuperación potencial de las exportaciones y la agricultura", manifestó Elbadawi.

 

"The Bottom Billion" por Paul Collier

En este nuevo libro de investigación, Paul Collier, el director del Center for the Study of African Economies en Oxford, afirma que la "verdadera crisis" en el mundo actual se circunscribe a un grupo de 50 Estados en descomposición -los mil millones de habitantes del estrato más bajo- donde los problemas plantean desafíos que no pueden resolverse utilizando los enfoques tradicionales de lucha contra la pobreza.

"El problema fundamental de estos Estados es la falta de crecimiento", afirmó Collier durante la presentación de su libro en el Banco Mundial.

"Debemos concentrarnos en este grupo reducido de países, generalmente pequeños, cuya población total es inferior a la de la India".

Los instrumentos y enfoques actuales no sirven para solucionar los problemas de estos mil millones de habitantes, aseveró Collier, quien considera que la ayuda es tan sólo una parte de la solución y recomienda usar un amplio espectro de instrumentos, entre ellos la política comercial, la asistencia para la seguridad y la gobernabilidad.
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