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Alza histórica de precios de productos básicos finaliza con ralentización del crecimiento mundial

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  • Desaceleración mundial castiga a países en desarrollo, mientras la restricción del crédito obstaculiza el comercio y el crecimiento.
  • Alza histórica de productos básicos finaliza con ralentización del crecimiento.
  • En el futuro podría equilibrarse la oferta y la demanda de petróleo y alimentos mediante la adopción de políticas acertadas.

9 de diciembre de 2008— El nuevo informe del Banco Mundial, “Perspectivas económicas mundiales 2009”, analiza el impacto de la crisis financiera en el crecimiento del PIB en todo el mundo, señalando una marcada desaceleración en cada una de las regiones, incluso en los países en desarrollo que hasta ahora parecían casi inmunes. Con el subtítulo “Los mercados de los productos básicos en la encrucijada”, la publicación revela que en el futuro se podrá alcanzar un equilibrio de la oferta y la demanda de productos básicos clave, como el petróleo y los alimentos, mediante la adopción de políticas acertadas en los sectores de la energía y la agricultura.

La recesión mundial azota al mundo en desarrollo

En la sección dedicada a las perspectivas económicas mundiales, el informe pronostica una baja del crecimiento global del PIB del 2,5% en 2008 al 0,9% en 2009. Se espera que el crecimiento de las naciones en desarrollo disminuya del 7,9% —el fuerte nivel registrado en 2007— al 4,5% en 2009. El crecimiento de los países ricos será probablemente negativo el próximo año.

"Vemos que la economía mundial está en una transición entre un largo período de crecimiento sólido liderado por los países en desarrollo y otro período de gran incertidumbre, debido a que la crisis financiera ha sacudido los mercados internacionales”, dijo Hans Timmer, director de Tendencias mundiales del Grupo de análisis de las perspectivas de desarrollo del Banco Mundial. “La ralentización observada en los países en desarrollo es muy significativa porque la restricción del crédito afecta directamente las inversiones, un factor clave del firme desempeño del mundo en desarrollo durante los últimos cinco años".

Con condiciones crediticias más estrictas y menos ansias de riesgo, se prevé que el crecimiento de la inversión en los países en desarrollo disminuya del 13% en 2007 al 3,5% en 2009, una cifra muy significativa si se tiene en cuenta que una tercera parte del crecimiento del PIB puede atribuirse a esos países.

Hans Timmer y otros economistas del Banco pronostican que el comercio mundial se contraerá un 2,1% en 2009, la primera vez que disminuye desde 1982. Todos los países resultarán afectados por esta disminución de las exportaciones, la cual refleja no sólo una brusca desaceleración de la demanda global, sino también la escasa disponibilidad de créditos a la exportación.

Perspectivas para las regiones en desarrollo

En Asia oriental y el Pacífico, el crecimiento del PIB bajó aproximadamente al 8,5% en 2008 y se espera que caiga al 6,7% en 2009. Esta región fue golpeada por una venta masiva de acciones y marcadas bajas en los volúmenes de exportación. Según previsiones, el crecimiento de China se ralentizará del 9,4% en 2008 al 7,5% en 2009, aunque el plan de estímulo por un monto de US$586.000 millones que anunció hace poco el gobierno podría volver a aumentar su crecimiento al 8,5% en 2010.

El aumento del PIB en Europa y Asia central se espera que decaiga al 5,3% en 2008 al 2,7% en 2009. Esta recesión se debe a menores inversiones, a lo cual se suman difíciles condiciones de financiamiento y una demanda más escasa en el mercado de exportación. El crecimiento de Rusia será probablemente del 6% en 2008, una reducción respecto al 8,1% de 2007, como consecuencia de la crisis bancaria y los bajos precios del crudo.

En América Latina y el Caribe, el aumento del PIB —que se prevé que alcance el 4,4% en 2008— está en riesgo y ejerce presión sobre la inversión del sector privado. A medida que bajan los precios de los productos básicos, los principales exportadores, como Argentina, pueden registrar déficits en cuenta corriente. Otros, como Brasil y México, experimentarán una baja en sus exportaciones a los Estados Unidos y Europa, ya azotados por la recesión. Se estima que las perspectivas regionales se deteriorarán en 2009, con una caída del PIB al 2,1%, debido a una disminución en los gastos de capital.

La región de Oriente Medio y África del Norte parece haber resistido bien en 2008, con un crecimiento constante del 5,8%, pero la cifra total oculta fluctuaciones considerables en el comercio, saldos en cuenta corriente y condiciones de financiamiento externo. Se proyecta que el crecimiento regional sea de apenas el 3,9% en 2009 debido a que los exportadores de petróleo deberán afrontar el desafío de la reducción de ingresos el próximo año.

El aumento de Asia meridional decreció al 6,3% en 2008, frente al 8,4% registrado en 2007, y se prevé que disminuya al 5,4% en 2009. Los elevados precios de los alimentos y el combustible, el endurecimiento de las condiciones crediticias y la disminución de la demanda extranjera ocasionaron un agravamiento de las cuentas externas y pusieron freno al crecimiento de las inversiones. La recesión es más evidente en la India y Pakistán, donde bajó abruptamente la producción industrial.

En África al sur del Sahara, el crecimiento se incrementó al 5,4% en 2008, aunque se espera que disminuya al 4,6% en 2009. No obstante, podría caer la contribución de las exportaciones netas al alza del PIB africano, mientras que muchos países se han vuelto más vulnerables a las crisis en la relación de intercambio. El encarecimiento de los precios de los alimentos y el combustible también amplió la brecha de la pobreza, con lo cual aumentó el riesgo de descontento social.

Las proyecciones completas del informe se pueden encontrar en el sitio web Perspectivas para la Economía Mundial, que está disponible en inglés, chino, francés y español.

Los productos básicos en la encrucijada

Las recientes y bruscas bajas en los precios del petróleo y los alimentos marcan el final de lo que ha sido el alza de precios de productos básicos más histórico del último siglo. Al igual que en otras situaciones similares, este auge fue impulsado por el fuerte crecimiento económico mundial y ha llegado a su fin con la repentina desaceleración de la economía en todo el mundo, precipitada por la crisis financiera.

La duración excepcional de esta bonanza de cinco años, la cantidad de productos básicos en cuestión y los altos niveles que alcanzaron los precios reflejan la resistencia del crecimiento de los países en desarrollo durante este período.

Entre principios de 2003 y mediados de 2008, los precios del petróleo subieron un 320%, en términos de dólares, y los precios de los alimentos comercializados internacionalmente un 138%. No cabe duda de que ha terminado esta prolongada alza, pero las consecuencias sociales y humanas de los elevados precios históricos aún perduran. Los precios en general han bajado, cediendo gran parte de sus ganancias previas, debido a un crecimiento más lento del PIB, mayor oferta y expectativas revisadas.

Sin embargo, todavía siguen siendo mucho más elevados que al principio del alza y se espera que permanezcan más altos que en los años noventa durante los próximos los 20 años, debido a la demanda de cereales alimentarios para la producción de biocombustibles. Es probable que los precios del petróleo promedien los US$75 por barril el año que viene y se espera que, por los siguientes cinco años, los precios reales de los alimentos en todo el mundo continúen un 25% más altos que en la década de 1990.

Perspectivas de la oferta y demanda a largo plazo para petróleo, metales y alimentos

A pesar de la caída en los precios de los productos básicos, persisten las preocupaciones sobre la oferta y la demanda a largo plazo, al igual que respecto al impacto de que podrían tener estos altos precios en la población pobre. Los autores del informe analizan las posibilidades de que el mundo pudiera estar encaminándose hacia un período prolongado de escasez, en el que —como temen algunos— la oferta de petróleo, metales y cereales alimentarios sea cada vez menor y los precios sean cada vez más altos. También examinan cómo esto afecta a los pobres y cuál es la mejor manera de ayudarlos.

"Consideramos que las especulaciones sobre la inminente falta de alimentos y energía no están bien fundamentadas, y que el mundo no se quedará sin productos básicos clave si se adoptan las políticas correctas”, dijo Andrew Burns, principal autor del informe. “La forma en que se desarrollen realmente las cosas en los próximos 20 años depende de que los gobiernos tomen medidas para reducir la dependencia del crudo, promover energías alternativas, combatir el cambio climático y estimular la productividad agrícola".

¿Por qué los productos básicos no escasearán rápidamente? La economía mundial está entrando en una fase de menor crecimiento, debido al escaso aumento demográfico, el envejecimiento de la población en los países de ingreso alto y un crecimiento más lento en algunas grandes naciones en desarrollo de rápido crecimiento, mientras se ponen al día los niveles de ingreso. Por otra parte, el progreso tecnológico redujo los recursos energéticos y alimentarios utilizados por unidad del PIB. Se espera que se estabilice la demanda de metales de China —que explica una subida mundial en la intensidad de utilización del metal—, y luego disminuya en consonancia con el resto del mundo.

Es probable que la demanda de automóviles y camiones nuevos en los países en desarrollo genere el 75% de las necesidades adicionales de energía entre ahora y 2030, razón por la cual es crítico un aumento de la eficacia en el transporte, que podría incluir coches híbridos, eléctricos y de hidrógeno.

Dado el lento crecimiento de la población, es poco probable que el mundo se quede sin alimentos. No obstante, es posible que la oferta no siga el mismo ritmo que la demanda en algunas naciones con rápido crecimiento demográfico, sobre todo en África. Estos países deben estimular la productividad agrícola interna, mejorando las redes de carreteras rurales y aumentando la investigación y el desarrollo del sector agrícola.

"El cambio climático podría reducir la productividad agrícola en nada más y nada menos que el 25% para 2080, si no se toman medidas al respecto", dijo Burns. "No hay motivo para la complacencia y existen muchas posibilidades para la acción política, incluso el apoyo a tecnologías mejoradas".

Los precios de los alimentos continuarán probablemente siendo más sensibles a los precios del petróleo como resultado de la mayor producción de biocombustibles derivados de cultivos alimenticios. Sin embargo, las nuevas tecnologías, como los biocombustibles no basados en cereales y otras energías alternativas, podrían hacer que los biocombustibles basados en cereales resultaran poco económicos.

Exportaciones de productos básicos y crecimiento económico

Otra conclusión importante del informe es que las exportaciones de productos básicos pueden favorecer el crecimiento si se formulan políticas acertadas. En particular, éste indica que aunque los países que dependen de recursos tienden a crecer con lentitud, las naciones con abundantes recursos suelen ser de ingreso alto.

La publicación concluye que no es la dependencia en los productos básicos lo que causa un lento crecimiento y pobreza, sino que más bien es el lento crecimiento —la falta de desarrollo de otros sectores de una economía no relacionados con los productos básicos— lo que explica dicha dependencia.

Los países ricos en recursos han manejado sus recientes ingresos inesperados en forma más prudente que en el pasado, y ahora están mejor preparados para la actual caída de precios. Pero las naciones que recién descubrieron recursos y aquéllas que dependen mucho de préstamos bancarios podrían estar en riesgo.

Impacto del precio de productos básicos en la pobreza

Finalmente, el informe señala que los altos precios de los productos básicos —en particular los alimentos— han tenido una profunda repercusión en la pobreza, sumiendo entre 130 y 155 millones de personas por debajo de la línea de pobreza desde diciembre de 2005 hasta diciembre de 2007. El peor impacto se sintió en las zonas urbanas. Mientras que las políticas gubernamentales reaccionaron rápidamente para compensar los efectos más perjudiciales de los altos precios, muchos de estos esfuerzos estuvieron mal dirigidos y fueron costosos.

"Si miramos hacia el futuro, es necesario encaminar mejor los programas de asistencia social de manera tal que la próxima vez que éstos se amplíen durante una crisis, llegue mucho más ayuda a los más necesitados", agregó Burns. "También es menester intervenir a nivel mundial con miras a desalentar las prohibiciones a la exportación de granos alimenticios, fortalecer los organismos —como el Programa Mundial de Alimentos—, y mejorar la información y la coordinación de las actuales reservas nacionales de granos".


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